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Publicado el 25 mayo 2018 | por Luisa Lopez

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Cerca de 50 personas desplazadas por grupos armados ilegales llegan a Uribe, Meta

En el polideportivo del municipio se encuentran 22 familias en precarias condiciones procedentes de la vereda Ativa luego de que hombres armados les dieran 12 horas para desocupar los predios.

Desde hace varios días comenzaron a llegar al municipio de Uribe, familias procedentes de Ativa, una vereda ubicada a unas 3 horas del casco urbano, huyendo de las amenazas de un grupo armado ilegal que los conminó de manera perentoria a desocupar la zona. El censo realizado, da cuenta hasta ahora, de 22 familias para un total de 48 personas, entre las cuales se  encuentran 13 niños y 8 adultos mayores. 39 de las personas censadas  se encuentran registradas en la Unidad de Víctimas.

La municipalidad ubicó a los desplazados en el polideportivo del municipio y les entregó carpas, colchonetas, toldillos y mercados para que se preparen sus alimentos. La Personera de Uribe, Marisol Casanova reconoce que a pesar de que de inmediato, las autoridades locales activaron el plan de contingencia diseñado para estas emergencias humanitarias, el municipio no cuenta con la capacidad para garantizar todos los derechos fundamentales a estas personas para que se respete su dignidad. Casanova advierte que la situación es muy precaria y hace un llamado a una ayuda articulada que involucre entidades del orden departamental y nacional cumpliendo con los principios de subsidiariedad y complementariedad.

En diálogo con PAX, la Presidenta de la junta de acción comunal y vocera de la comunidad, Lorena Machuca relató los hechos que motivaron este desplazamiento: “el pasado viernes 18 de mayo,  a las  2 de la tarde aproximadamente, 3 hombres armados llegaron hasta la casa de uno de los campesinos diciendo que necesitaban que la familia Machuca desocupara el predio (son varias las familias con ese apellido).  El campesino les dice que él no es Machuca y ellos le responden que no importa, que todos deben salir, porque necesitan la vereda desocupada en un plazo de 12 horas”.  Según Machuca, los hombres se identificaron como miembros de las FARC-EP, algo que aún no ha sido confirmado por las autoridades.

Las familias de Ativa, que ya conocen la magnitud de una amenaza como esta, no dudaron en dejar todo abandonado y salir, algunos a caballo, otros en moto, hasta la inspección de La Julia en donde las autoridades les facilitaron un bus para llegar hasta el casco urbano de Uribe. Este desplazamiento ha dejado completamente desocupadas las 2.500 hectáreas que conforman la vereda y, abandonadas 30 hectáreas sembradas con maíz y varios proyectos productivos que se habían iniciado con la Unidad de Víctimas.

Nuevamente desplazados

Para las familias de la vereda Ativa esta situación no es nueva. En el año 2002, justo después de que se levantara la zona de despeje, estos campesinos fueron desplazados por la entonces guerrilla de las FARC. Fue una época de mucha violencia que se llevó la vida de varios de los líderes comunales entre los que se encontraba el papá de Lorena Machuca. Tal y como hoy, los habitantes de estos predios tuvieron que salir con lo poco que pudieron cargar, dejando atrás, las fincas, los enseres y un proyecto de vida.

La esperanza renació cuando se iniciaron los diálogos de paz  entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC y la gente comenzó a soñar con el retorno y la posibilidad de una vida en paz. Machuca cuenta como ese sueño se hizo realidad en noviembre de 2016, cuando miembros del entonces grupo en proceso de desarme, llamó a las familias de la vereda y les devolvió  las fincas, reconociendo, dice ella, que se habían cometido muchos errores. “La gente volvió porque hasta el momento, nunca habíamos tenido respuesta por parte de las autoridades sobre una posible restitución o reubicación y mucho menos, una reparación”. Sin embargo, la zozobra volvió tres meses después del retorno cuando en el territorio  apareció un Sr. Saavedra con escritura en mano reclamando la tierra y  aduciendo que era el dueño de 5 mil hectáreas en la zona.

Para la Personera de Uribe, esta situación es algo que los coge por sorpresa pues no hubo ninguna alerta que pudiera preverla y menos en una época considerada de posconflicto. Según Casanova, ni siquiera, en las peores etapas de violencia, se vivió una situación de desplazamiento como está: “la gente salía corriendo de Uribe pero nunca llegaron al municipio”. Según las comunidades, esta situación ha infundido el miedo en otras veredas que temen que les pase lo mismo y que vuelvan los años negros de la guerra. 

 

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