Editorial

Publicado el 17 marzo 2018 | por Luisa Lopez

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El Nuevo Congreso y su papel en la construcción de la paz

El 2018 es un año de vital importancia para el futuro y las transformaciones que Colombia necesita. Las elecciones legislativas muestran que el país aún está en la misma polarización que cuando hubo el referendo sobre el acuerdo de paz en el año  2016.  En las manos de los nuevos gobernantes estará la construcción de una paz estable y duradera.

Este 2018 es el primer año electoral desde que fueron firmados los acuerdos de paz entre el Gobierno y las FARC. Estas elecciones, tanto las legislativas que acabaron de pasar como las presidenciales, son fundamentales a la hora de definir, si el proceso de paz se verá impulsado o por el contrario modificado o incluso detenido. Se cierra el ciclo de 8 años del Gobierno del Presidente Santos cuyo legado ha sido la firma del acuerdo y el inicio de la implementación de los compromisos allí establecidos, dejando muchos retos a los próximos gobernantes de cara a la materialización de estos compromisos.

Las elecciones legislativas realizadas el pasado domingo nos dejaron un Congreso sin grandes cambios de fondo. Si bien la izquierda progresó un poco, la derecha mantuvo su mayoría. Estas elecciones condujeron más bien a unos ajustes -algunos significativos – pero no dejaron indicaciones todavía muy claros sobre lo que sucederá en las futuras elecciones presidenciales. El congreso quedó fragmentado y el país continúa polarizado.

¿Qué podemos esperar con estos resultados de cara a la continuidad en la implementación del acuerdo de paz?. El balance de fuerzas en el congreso no se ha movido mucho más a favor de la paz de lo que ya estaba y sigue revelando la polarización del país. Puede ser que el tema de la paz no sea tan definitivo de cara a la próxima elección presidencial como lo ha sido en los últimos años, pero el resultado de la elección presidencial será fundamental de cara a su implementación.

Con este panorama del nuevo congreso, se espera una continuidad en la oposición a la implementación del acuerdo de paz por parte de la bancada liderada por el Centro Democrático, quienes han venido promoviendo cambios a los actos legislativos relacionados con la Justicia Especial para la Paz, la elegibilidad política de los excombatientes y el blindaje del acuerdo de paz en la Constitución, aunque con matices sobre el alcance de su renegociación con las FARC. La oposición podría generar obstáculos a la financiación de las políticas, instituciones e iniciativas que propendan por la materialización del acuerdo e incluso frente a las medidas sobre la reforma rural integral, la política de drogas o reformas políticas como la electoral, entre otras.

De otro lado, están los partidos o movimientos que con alta probabilidad votarán por mantener el acuerdo de paz que fue firmado, dentro de los cuales se encuentran el Partido Liberal, Partido Verde, Polo Democrático, Decentes, Mira, FARC, indígenas, afros y algunos congresistas del Partido de la U y Conservador.

Desde el congreso esto podría significar una serie de largos debates,  generando más frustración que resultados. Desde las regiones la oposición al acuerdo de paz en el legislativo, se podría materializar en ex combatientes que no vean ningún futuro o ventaja a reintegrarse en la sociedad puesto que no tendrían garantizada su seguridad. Esta situación, podría significar que las víctimas en  las regiones, que tienen una esperanza enorme en ser finalmente escuchadas y poder  contar su verdad, tengan que esperar más tiempo para que se legisle lo que falta de la JEP gracias a los  juegos partidistas en el legislativo.

Es por esta razón que desde PAX hacemos un llamado a los nuevos senadores y representantes del gobierno para trabajar en reducir la polarización política y tener en mente la gente real en las regiones que dependen de la implementación del acuerdo de paz. El rompecabezas de la paz está difícil de completar y se requiere de mucha grandeza humana para dar el salto a la unidad que el país necesita. Sin embargo, si se logra pensar en el rostro humano de las víctimas y en la humanidad que nos une a todos, podremos construir un proyecto colectivo que nos pueda consolidar como una nación justa, equitativa, incluyente y próspera que beneficie a todos sus ciudadanos.

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