Comunidades Visibles

Publicado el 9 abril 2018 | por Luisa Lopez

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Las víctimas: la Colombia valiente

Las mujeres y hombres que no se inventaron la guerra pero que han soportado sobre sus hombros todas sus atrocidades, levantan la voz para pedir que nunca más se repita ningún tipo de violencia.

Este 9 de abril celebramos el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las víctimas del Conflicto Armado, una fecha para recordar que son ellas las que tienen que estar en el centro de la vida diaria de esta nación que pretende salir de 50 años de guerra y que comienza a sentar las bases de un país justo, en paz y reconciliado. Asentadas en territorios alejados de los grandes centros del poder económico y político, y a pesar de que durante décadas, tanto el Estado como la sociedad, ignoramos el clamor de sus voces denunciando la violencia desmedida contra sus comunidades, ellas resistieron, y una y otra vez se levantaron para darnos una lección de dignidad y de fuerza. Estas mujeres y hombres son la Colombia valiente de la que deberíamos estar hablando todos los días; los ejemplos a seguir para las nuevas generaciones.

Angélica Catalina es una artesana y  emprendedora que sueña con multiplicar su CREARTES para lograr vincular a más mujeres en un esfuerzo productivo de artesanías. Este emprendimiento ha sido su refugio para tratar de mitigar el dolor que carga desde el día en que, frente a sus ojos, asesinaron a su padre.

Se lamenta del abandono en el que se encuentran las víctimas de la Uribe, Meta: “hemos sido afectadas por el abandono, por la tramitología, por las demoras para recibir las denuncias, admitir los casos y obviamente darles solución y reparación. Para mi, una verdadera reparación  sería que el Gobierno Nacional este más presente en todos los aspectos de la vida de una víctima y que nos garanticen que no se van a volver a repetir, estos hechos de violencia que nos marcaron por tantos años”.

 

María Sagrario Rodríguez se dedica a sobrevivir con lo  poco que le ha dejado tanta guerra. Representa a las mujeres de Vista Hermosa y al sector cooperativo. Esta mujer valiente, fue víctima de desplazamiento en el 2002 y en  el 2006. Sueña con que Colombia tenga, “como no lo dicen, una paz estable y duradera y que nunca se vuelva a repetir tanto dolor, tanta tristeza y poder borrar recuerdos que no se nos van de la mente”. Espera que exista una verdadera reparación para todas las víctimas, caso por caso y que se cumpla lo que está en la Ley 1448.

 

“La guerra nos afectó de una manera impresionante”, cuenta Jesús Emilio Zapata. Recuerda con melancolía, los hechos mas tristes que vivió junto con su comunidad: “ver como asesinaban personas inocentes indiscriminadamente y el tener que alejamos de nuestras  familias por causa del desplazamiento; se perdieron los vínculos entre las familias, nos alejamos”. Se lamenta del total olvido en el que se tiene a su comunidad y a pesar del dolor, no duda en afirmar que para él la mayor reparación sería,  “que los grupos al margen de la ley,  que nos hicieron tanto daño, nos pidan perdón. Yo estoy seguro que si nos piden perdón, se cierra esta página tan dolorosa para nosotros”. La reconciliación es con lo que sueña Jesús Emilio: “nuestros corazones se llenaron de odio, rencor, de resentimiento y poco a poco ese odio, ese rencor, ese resentimiento ha ido saliendo y estamos dispuestos a perdonar a esas personas que nos hicieron tanto daño”.

 

Para El Taita, como le dicen cariñosamente al representante legal del gobierno del pueblo Inga de Colombia, lo mas difícil que le tocó vivir a su comunidad durante los largos años de guerra, fue el tener que estar “secuestrados” en su propias casas por mas de 12 años gracias al accionar en sus territorios de grupos armados ilegales. Para completar este panorama, el pueblo Inga sufrió todas las afectaciones que trajo el narcotráfico y que han puesto en peligro la sobrevivencia de este pueblo que hoy está, en vía de extinción física y cultural. El Taita, en su condición de autoridad indígena ha sido víctima de constantes amenazas y varios atentados y como el mismo dice, está vivo de milagro. “Si bien somos víctimas, también es la oportunidad de valorar nuestras capacidades, creo que más allá de todo lo que nos pasó, nos hemos podido parar  en medio del conflicto y sobrevivir”. Este indígena valiente, cree que la sociedad colombiana puede reparar al pueblo Inga ayudándolo a respetar sus territorios y a proteger un lugar sagrado como es la cordillera de los Andes donde están los páramos, donde nacen los principales ríos pero que también es,  la puerta de  entrada a la Amazonía colombiana. Pide que no los dejen solos en esa lucha.

 

A Wilson Asencio Pineda le tocó vivir en carne propia el reclutamiento forzado. Sin embargo, la violencia contra él y su familia no paro ahí, su hermano fue asesinado por un grupo armado y la familia tuvo que desplazarse. Para este llanero, una reparación verdadera sería saber qué pasó con su ser querido ya que hasta el momento, la familia no tiene ninguna noticia de sí los restos que están en un cementerio de Granada, Meta corresponden a los de su hermano. Wilson sueña con seguir aportando a la construcción de una paz estable y duradera en todos los escenarios, para que no vuelva a repetirse la violencia. “A pesar de todo lo que hemos vivido, hemos tenido una fortaleza muy grande y por nuestros propios medios, a pesar del abandono del gobierno, hemos avanzado con los procesos y estamos aprendiendo nuevamente a convivir con lo que nos pasó”

 

Mabel Manso Meneses se atreve a contar  todas las atrocidades que tuvo que padecer en medio del conflicto armado: “Sufrí el desplazamiento forzado desde el departamento del Huila cuando los paramilitares asesinan a mi padre en el 2002 y nos obligaron a irnos. Vinimos a Argelia y en el 2006, la guerrilla de las FARC asesinó a mi hermano. Y tristemente,  en el 2014, me secuestran en El Tambo Cauca y sufro violación en manos del ELN”. Tanto dolor no le ha quitado la fuerza para seguir en pie y convertirse en una líder de la mujeres que han sufrido violencia sexual durante el conflicto. “Queremos dar un mensaje contundente frente a  todo esto que hemos vivido pero que nos ha servido para volvernos fuertes y demostrarle a este país, y a esta guerra tan absurda, la fuerza que tenemos para levantarnos de allá en donde la guerra nos dejo tirados”. Para Mabel, la mayor reparación sería una Colombia nueva, con un mejor sistema de educación, con un país lleno de muchas oportunidades. “La reparación sería para esos niños soñadores, que sueñan con un futuro y si el país esta en paz,  ya no habrían niños y niñas extrañando a sus seres queridos, no habría nadie que les arrebatara el derecho a ser felices”.

 

Evelio Aguirre es un líder nato de su comunidad en la zona de Becerril, Cesar. Fue víctima de tres desplazamientos y un atentado en el que sobrevivió de milagro a los 5 tiros que le propinaron sus agresores. No disimula la preocupación que siente por la llegada  de nuevos actores armados ilegales a su territorio que están poniendo en peligro la paz en la zona. “Mas que decir, yo quisiera preguntarle al Estado si es que las víctimas no tenemos derecho a vivir en paz porque si no ha habido ni reparación, ni se ha cumplido con lo que contempla la ley, lo mínimo sería poder vivir en paz”. Tajante Evelio dice, “una verdadera reparación, primero pasa por tener tranquilidad de que lo que aquí se vivió, no se va a volver  a repetir”.

 

Para María Alicia Torres una cosa es vivir la guerra y otra es contarla. Esta mujer de carácter fuerte, perdió a su hermano en medio de la violencia. Le duele mucho la forma como tratan a sus comunidades: “todos los días les dicen mentiras y por eso, siempre estoy con las víctimas y me duele  porque han jugado mucho con ellas”. Sueña  con una reparación para la gente que verdaderamente lo necesita, porque dice, “hay gente muy olvidada” y pide acompañamiento para todas las víctimas.

 

José Rosember Sánchez no duda en decir que el tema de las víctimas en Vista Hermosa, está peor que antes y que las actuales autoridades los tienen en un desconocimiento total. José, quien no ha parado de luchar por los derechos de las víctimas, fue desplazado a la fuerza y perdió todos sus bienes . Dice que una conmemoración del Día de las Víctimas debe ser “sin tanta alegoría, ni tanto ruido porque se trata de algo que nadie quisiera que se repitiera”. Agrega: “no más corrupción, no más mentiras, no mas engaños, ni falsas promesas, no mas crímenes a los defensores de los derechos humanos, sí a la paz pero completa y sin hambre, porque una paz con hambre, no es paz”

 

Jazmín  tuvo que salir apresuradamente de sus tierras para evitar que reclutaran forzosamente a sus hijos. Lo dejó todo y se fue a vivir a Villavicencio. En este momento trabaja en un proyecto de reciclaje porque quiere convertirse en una emprendedora y crear una microempresa que le permita ser independiente y tener un futuro. Agradece a Dios que se hayan firmado los acuerdos de paz en la Habana porque desde entonces, dice ella, “ha mejorado mucho lo de la guerra y ya podemos vivir más tranquilos y no queremos que nuestros hijos y nuestros nietos les toque vivir lo que nos tocó a nosotros”.

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