Justicia Transicional

Publicado el 10 agosto 2017 | por Fernando Arellano

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Tomas y ataques guerrilleros: aportes para la JEP

Por Juan David Velasco / El Espectador

El profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Pontificia Universidad Javeriana, Juan David Velasco, hace una reseña sobre el más reciente libro del Centro Nacional de Memoria Histórica.

El Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), bajo la coordinación académica del profesor Mario Aguilera, acaba de presentar un libro titulado “Tomas y ataques guerrilleros (1965 – 2013)”. El texto marca un precedente importante en los estudios sobre la violencia en Colombia, ya que por primera vez, se logró caracterizar con amplia riqueza analítica y descriptiva, las incursiones territoriales a gran escala efectuadas por las diferentes guerrillas de inspiración marxista y leninista en la historia del conflicto armado.

Ciertamente, el valor del libro radica en sus aportes significativos a la verdad. Por una parte, se midió con exactitud los autores responsables, los periodos, las zonas y los grupos poblacionales más afectados por esta práctica de violencia subversiva. Así, el CNMH registró un total de 1.755 incursiones y ataques a estaciones de Policía, de las cuales 1.106 (equivalentes al 63%) fueron perpetradas por las FARC-EP. Los años 1996 a 2002, presentaron las mayores tasas de victimización. Cuatro departamentos concentraron la mitad de las acciones: Cauca, Antioquia, Nariño y Norte de Santander. Y a nivel de municipios, sobresalen los casos de Toribío, Caldono, Argelia y El Tambo, donde hubo un patrón constante de ataques bélicos y movilizaciones armadas por parte de las FARC-EP.

Con respecto a los daños ocasionados a la población civil, el CNMH contabilizó 6.839 víctimas, de las cuales 2.495 (equivalente al 36%) murieron a causa de explosiones, derrumbes, incendios y balas perdidas. Los pobres y la clase media fueron los sectores socioeconómicos más perjudicados, tal y como lo señala con sencillez y crudeza el libro: “la gran mayoría de los civiles muertos fueron personas comunes y corrientes como tenderos, carniceros, amas de casa, estudiantes y pequeños comerciantes” (Pp. 223)

Sobre este punto, se resalta otro valioso aporte del libro. Se trata de la adecuada evaluación de la magnitud del daño causado a los civiles protegidos por el Derecho Internacional Humanitario, pues según narra el texto, a mitad de los años noventa, las FARC-EP comenzaron a utilizar con mayor frecuencia, armas no convencionales como tatucos, cilindros bomba, petardos, animales bomba, carros bomba y minas antipersonal. Es decir, la letalidad de los ataques fue directamente proporcional al uso de artefactos explosivos de fabricación artesanal.

En esa lógica, el sexto capítulo del libro es bastante ilustrativo ya que plantea cómo se podrían penalizar los hechos derivados de las tomas guerrilleras y los ataques a estaciones de Policía. Para el CNMH, estas acciones podrían ser catalogadas como crímenes internacionales o graves infracciones al DIH. Por ejemplo, los ataques con cilindros bombas fueron sistemáticos y ocasionaron muertes de civiles inocentes, ya que no hubo previsiones y controles sobre los efectos de las ondas expansivas (lo que constituye un crimen de guerra por el uso de armas no convencionales, y a la vez viola gravemente el principio de distinción y proporcionalidad proclamado en el DIH). También, como un alto porcentaje de las tomas guerrilleras a centros poblados y cabeceras municipales, provocaron destrucciones parciales o totales de las alcaldías, las entidades bancarias, los establecimiento comerciales privados o las residencias de los civiles, se podría configurar el tipo penal de crimen de guerra.

Adicionalmente, el libro destaca que si bien “las incursiones en sí mismas no constituyen un crimen de lesa humanidad” (Pp. 419), por la forma como fueron llevadas a cabo sí podrían llegar a merecer esa calificación jurídico-penal. Por ejemplo, cuando en el transcurso de las tomas, hubo secuestros de civiles o asesinatos sistemáticos de no combatientes, incluidos menores de edad (como en efecto ocurrió, pues se registraron 140 niños, niñas y adolescentes víctimas mortales). O, como en el departamento del Cauca, donde poblaciones indígenas que gozan de especial protección constitucional, vieron como sus derechos a la vida, la integridad personal y la libre movilidad por el territorio, fueron afectadas de manera prolongada en el tiempo.

En definitiva, por su amplia documentación histórica y por la cuantificación del daño causado por las guerrillas en su intento por tomarse el poder del Estado; este libro será un referente imprescindible para la sociedad colombiana, especialmente ahora que estamos a pocos meses de inaugurar la Jurisdicción Especial para la Paz.

 


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