Comunidades Visibles

Publicado el 26 marzo 2018 | por Luisa Lopez

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Un año de Cajamarca: la democracia vale mas que el oro

Pasado un año del emblemático No de Cajamarca a la explotación de oro en su territorio, aún no hay claridad sobre lo que pasará con los títulos mineros de la multinacional AngloGold Ashanti.

Cajamarca, un pueblo enclavado en la cordillera central al occidente del departamento del Tolima lleva generando titulares desde hace ya más de una década. Su primer saltó a  la fama ocurrió en el año 2007 cuando el entonces Presidente Álvaro Uribe, anunció que su subsuelo contenía una de las minas de oro mas grandes del mundo. Diez años más tarde, sus pobladores se convertían en el David que vencía a Goliat cuando el  97 % de sus habitantes le dijeron No, a través de una consulta popular, a los planes de explotación minera que la multinacional sudafricana AngloGold Ashanti tiene en su territorio.

Cajamarca se transformó en un símbolo de democracia participativa y puso al país a hablar de las implicaciones ambientales que traen las explotaciones mineras. Pero no solo eso, Cajamarca fue una invitación a otras localidades para recorrer el mismo camino y mostró, que con organización y participación, las comunidades si pueden influir en el futuro de sus territorios y decidir el desarrollo que debe fundamentarlo.

Con el fin de seguir afianzando la confianza en este proceso, el próximo 1 de abril, la comunidad de Cajamarca realizará una movilización que servirá también, para celebrar el primer año de la consulta popular. Julio Roberto Vargas Malagón, uno de los promotores y líderes de este proceso, insiste en que aunque “se tiene la certeza que se ganó, no se puede perder de vista que la lucha continúa porque la multinacional no ha entregado los títulos mineros y en el futuro puede regresar, ya sea con el mismo nombre o con otro, a retomar el proyecto”.

Según Vargas, para poder lograr que la amenaza de la explotación minera se elimine por completo hay que trabajar para que en el esquema de ordenamiento territorial se excluya totalmente la posibilidad de minería a cielo abierto y que el uso del suelo, se limite a la vocación agropecuaria, conservación ambiental y al desarrollo ecoturístico.

Desprestigio y pánico económico

Para nadie es un secreto que el triunfo del No en Cajamarca se convirtió en una piedra en el zapato para el Gobierno nacional ya que puso en entredicho a un sector considerado como una de las locomotoras económicas del gobierno del Presidente Santos y su predecesor, Álvaro Uribe.

Luego de la consulta, según Julio Roberto Vargas Malagón, “el poder político local, cooptado por la empresa, ha promovido a nivel nacional la idea de que cualquier municipio que se oponga a la minería, se enfrenta a una crisis económica”. Los amigos de la explotación minera a cielo abierto buscan, según el activista, “crear pánico económico mostrando que sin la minería en los territorios no se puede vivir, y de paso, desprestigian las acciones de participación ciudadana como lo es la consulta popular”.

Vale la pena señalar que toda esta campaña de desprestigio y ataque que busca invalidar la decisión mayoritaria de la comunidad de Cajamarca de frenar la explotación minera en su territorio, muestra la desigualdad de condiciones entre comunidad y multinacional en términos de recursos, información y poder. Una pugna entre David y Goliat que aún no termina.

Democracia vale más que el oro

PAX acompañó desde sus inicios a las comunidades de Cajamarca en este proceso, ayudando a formar y capacitar al movimiento ambiental hasta llegar a la consulta popular en aras de buscar una salida legal a un conflicto que debido  a su alto grado de polarización, podría volverse violento. Para la organización, es importante generar espacios democráticos en los que las comunidades puedan expresarse y decidir sobre los asuntos que las afectan directamente. Agradecido,  Julio Roberto Vargas recuerda como PAX apoyó al comité ambiental de Cajamarca para que hiciera recorridos por la veredas de influencia del proyecto minero La Colosa de la empresa AngloGold Ashanti; realizando visitas casa por casa  para explicarle a las personas lo que estaba sucediendo.

Construcción de infraestructura minera en Cajamarca, Tolima (2011).

Asimismo, y por solicitud de la comunidad, Pax organizó en el mes de abril del 2009 un seminario informativo con el hidrogeólogo estadounidense Robert Moran, quien tiene experiencia sobre actividad minera en más de cuarenta países. Moran, realizó un informe, basado en la misma documentación técnica dela empresa, que reveló el potencial impacto negativo sobre el agua de la región, estimulado por el megaproyecto La Colosa, y los vacíos de información en los reportes entregados por la multinacional a los ministerios competentes.

El estudio de Moran calculaba que el consumo iba a ser de un metro cúbico por tonelada métrica, lo cual es conservador comparado con el consumo en la mina de oro de Yanacocha (Perú), que usa entre dos y cuatro metros cúbicos, dependiendo de la estación de lluvias.

Paralelamente a este acompañamiento, la organización holandesa publicó el documento:  “Democracia vale más que el Oro, el proyecto minero La Colosa y el derecho ciudadano a la participación” que luego de meses de investigación, muestra, entre otros aspectos, con cifras y hechos, las razones esgrimidas por la comunidad para oponerse al proyecto minero. “Cajamarca es conocida como la estrella hídrica del Departamento del Tolima, y cuenta con más de 150 fuentes naturales de agua que son esenciales para la provisión de agua potable en toda la región. La zona de impacto del proyecto La Colosa, en términos hídricos, afectará toda la cuenca mayor del río Coello, incluyendo los ya mencionados Bermellón, Anaime, Toche, Cocora y Combeima, y la quebrada Chorros Blancos. A lo largo de esta cuenca se asientan, además de Cajamarca, los municipios de Ibagué, El Espinal, Coello, Flandes, Rovira y San Luis”.

Las razones que la comunidad, académicos y organizaciones argumentaron en su momento para evitar que un proyecto minero de grandes proporciones se llevara a cabo y afectara el equilibrio de una vasta zona ecológica del Tolima, siguen hoy vigentes. Por eso, sus ciudadanos haciendo uso de los mecanismos democráticos consagrados en las leyes, se expresaron en las urnas y esperan que el Gobierno nacional respete esa voluntad popular.

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