Justicia Transicional

Publicado el 19 junio 2018 | por Luisa Lopez

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Víctimas de Guatemala y Colombia: una historia compartida

Miguel Itzep, es el rostro de las víctimas del genocidio que la dictadura guatemalteca practicó durante años en ese país. Su historia y la situación actual de los cientos de miles de campesinos indígenas víctimas del conflicto guatemalteco, se asemeja a lo que viven las víctimas de la guerra en Colombia. Ambos países han tenido la necesidad de implementar una justicia transicional en el camino de la guerra a la construcción de la paz que garantice una reparación integral.

En 1977, Miguel Itzep fue secuestrado por el ejército en el municipio de Nebaj, el Quiche al norte de Guatemala. Su cautiverio duró 24 días durante los cuales fue sometido a torturas y fue solo, gracias a la intervención de la Conferencia Episcopal, que Miguel pudo recobrar su libertad: “Pero no me liberaron entregándome, me tiraron a una montaña amarrado”.  Él se tuvo que refugiar en El Salvador y en México y su familia se vio obligada a desplazarse. Este líder, retornó a su país para formar parte de las comunidades de población en resistencia – CPR – de la sierra de los Cuchumatanes, una zona selvática al noroeste del país en donde permaneció hasta la firma de la paz  en diciembre de 1996.

Guatemala vivió durante 36 años un cruento conflicto armado que dejó, según cálculos de Naciones Unidas, más de 200 mil víctimas entre muertos y desaparecidos. Durante estos años, las fuerzas armadas guatemaltecas junto con bandas paramilitares, persiguieron, torturaron, desaparecieron y asesinaron a comunidades indígenas, líderes sindicales, estudiantes, religiosos y otros civiles bajo la teoría que formaban un “enemigo interno” subversivo. En el afán desmedido y bárbaro por acabar con esa “amenaza comunista”, las fuerzas antisubversivas de Guatemala promovieron una campaña de exterminio contra cerca de 440  comunidades de la etnia Maya.

Una de esas comunidades fue la de Miguel Itzep, la cual según el mismo relata “en 1980 fue totalmente destruida y quemada por el ejército y más de la mitad de las familias que habitaban en ese tiempo fueron masacradas”. Según un informe de la Comisión del Esclarecimiento Histórico (CEH), en la época más dura del conflicto de ese país centroamericano, entre 1978 y 1983, la tortura extrema, la mutilación y la violencia sexual y contra los niños, se convirtieron en una cosa común que ha sido denominado como el “Holocausto Silencioso”. El mayor genocida de esta historia fue el General Ríos Montt quien gobernó a Guatemala entre marzo de 1982 y agosto de 1983 después de encabezar un golpe militar. El anciano exdictador fue condenado en 2013 por un tribunal de su país a 80 años de cárcel  por genocidio y delitos de lesa humanidad. Sin embargo, en abril de este año, Ríos Montt se llevó a la tumba las posibilidades de justicia y verdad para sus víctimas.

Paz con reparación integral

El gobierno de Guatemala, creó en el 2003, el Programa Nacional de Resarcimiento (PNR) con el fin de resarcir y dar atención a las víctimas del conflicto armado guatemalteco. Luego de 15 años de funcionamiento, esta institución, denuncian las víctimas, es poco lo que ha avanzado en términos de reparación individual y colectiva. El problema es que el periodo de este ente gubernamental acaba en el 2023 y con tan solo un 30 por ciento de las víctimas reparadas, se corre el riesgo de que para muchas nunca llegue la justicia, la verdad y la reparación. Miguel Itzep confía en que ese no llegue a ser el caso de su comunidad que, luego de 21 años de la firma del Acuerdo de Paz, los delitos de secuestro, tortura, masacres de familias continúan impunes.

El genocidio en Guatemala dejo un país lleno de mujeres viudas, madres cabeza de familia, huérfanas, desplazadas y abusadas. Son ellas las que encabezan el número de víctimas y sobrevivientes en Guatemala y por ende, quienes han librado las mayores batallas en las calles para exigir justicia y reparación. Las mujeres  constituyen el 75 % de las bases del Movimiento Nacional de Víctimas del Conflicto Armado de Guatemala Q’ANIL TINAMIT (que en idioma Maya significa “el rojizo del amanecer del pueblo”)  que Miguel Itzep coordina y en el que trabaja incansablemente para exigir que se le cumpla a las víctimas y se restablezcan sus derechos. Una de los avances más importantes de la organización, ha sido lograr que el Gobierno reconozca a las viudas y mujeres víctimas como el sector más vulnerable.

“Un primer esfuerzo”, nos cuenta Miguel, “fue la articulación de la propuesta de la Política Pública de Reparación y la Negociación con el Gobierno. La segunda tarea, consistió en en lograr el registro en el PNR, de 80 mil expedientes de las víctimas y sobrevivientes para generar los procesos de reparación. De este número solo el 30% han sido atendido con resarcimiento económico, el 70% restante, continúa aún sin reparación integral. El mayor de los esfuerzos, consistió en organizar y articular a las víctimas en las distintas zonas del país y mantenerlas informadas sobre los compromisos específicos adquiridos por el Gobierno en lo que tiene que ver con la reparación, una tarea muy importante porque como dice Miguel Itzep “quince años después de instalado el Programa Nacional de Resarcimiento, lo que hemos logrado es la asistencia en la parte económica por víctimas fatales pero no la integralidad de las medidas por falta de voluntad política de los gobernantes”.

En medio del temor y de las represalias de los militares, el Movimiento Nacional de Víctimas del Conflicto Armado de Guatemala logró abrir las puertas a la justicia penal contra perpetradores de las graves violaciones ocurridas durante la guerra en coordinación estrecha con las organizaciones de derechos humanos. Además presentaron 8 mil expedientes de víctimas ante el Ministerio Público para generar procesos de  investigaciones de los responsables de las violaciones.  Y sobre todo, según Miguel Itzep, “haber sostenido la lucha ante los gobiernos y el Congreso de la República para darle continuidad al Plan Nacional de Resarcimiento y su base jurídica”.

Lecciones para aprender

Luchas como las de Miguel Itzep se repiten por millones en Colombia en donde a pesar de los transcurridos 7 años de aplicación de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, es muy bajo el porcentaje de reparación integral y se teme que a tan solo tres años de cumplirse su vigencia, no se logre atender a la mayoría de las millones de  víctimas que ha dejado la guerra en nuestro país.

En los próximos días, Miguel Itzep, sobreviviente de una de las guerras más cruentas del continente viajará a Colombia invitado por PAX para encontrarse con víctimas de nuestro país que comparten historias similares a las vividas en Guatemala. Ambos países se encuentran en un proceso de implementación de una justicia transicional que permita el tránsito de la guerra a la paz, que garantice a las víctimas una reparación integral y que las coloque en el centro del cumplimiento de los acuerdos de paz.

Miguel Itzep estará el próximo 28 de junio con víctimas de Cauca y Meta, compartiendo sus experiencias en la búsqueda de una reparación integral en el Foro: Las Víctimas Cuentas; experiencias locales de Guatemala y Colombia.

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